Qué, una copa?
Cuando alguien te llama para decirte eso supones que se trata de remojarte por dentro pero no por fuera. O sea, suponía yo hasta ayer noche, ¿o debo decir esta mañana?, en que en el breve trayecto de apenas 100 metros que va desde el Viaducto hasta la Iglesia innombrable recogí 40 litros por cm de mi. La tormenta éramos nosotros. Creo que al llegar a casa lo único seco era el paquete de tabaco. Estando así las cosas no me extraña que hoy el telefono fuera un recuento de bajas: A. nos ha cogido frio cuando lo que suele es coger una cogorza, A Javi le duele la tripita -esa hernia de tantos esfuerzos en tan variados lechos-, a Cass no se la entiende de la congestión y dice cosas muy raras y Charo no coge ni el teléfono. Menos mal que yo estoy como un roble por seguir el consejo de un poetastro: "Siempre hay que saber buscar cobijo bajo la tormenta". Aunque no llueva, añado yo. Amen -y recemos porque un rayo partiera el abside de ese edificio inombrable que estropea unas vistas preciosas de Madrid de noche y bajo la tormenta-. A recuperarse queridos.

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