La vida sigue igual.

Es pronto y paseo por la Complutense como hace 15 años pero 15 años mas viejo. El mismo frío y la misma sensación de páramo helado. De edificios racionalmente fascistas con un toque “estilo internacional”. La Facultad conserva sus azulejos verdes -verde hospital- desde que fue reconstruida tras las bombas del 39 que la sepultaron bajo sus propios escombros. Estaba en pleno frente de Madrid y defendiendo esos edificios la carnicería fue brutal. Después los presos la edificaron sobre las tumbas y los vencedores dieron clase. Las mismas luces amarillas y los mismos bancos de madera, la misma tarima que hace décadas profesorzuelos profanan e idéntica sensación de claustrofobia y muerte. Sigue sin haber ventanas al jardín y sigue sin pasar nada salvo pequeñas vilezas y miserias humanas que, al fin, son compresibles cuando hay que comer de algo y no se sabe hacer nada. Mi cita se retrasa y aguardo frente a una puerta de madera casi negra que confiere a los despachos el aire de un ataúd con muerto en vida dentro. Ya no se puede fumar así que salgo por el hall principal y en el paseo enciendo un cigarro mientras el frío congela el humo. Frente a mi la Facultad de Derecho. De repente me doy cuenta de que ni Ch., ni J., ni G, ni P están ya allí y me parece extraño. El decorado no ha cambiado, se representa la misma farsa pero los actores me resultan desconocidos y ya no puedo escaparme a tomar un café. Mi cita llega 36 minutos tarde: pasa el tiempo pero la vida sigue igual (y está en otra parte).


1 comentarios:
El tiempo está detenido en Ciudad Universitaria, pero no te dejes atrapar por ese mundo congelado.
La vida sigue a dos paradas de metro.
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