martes, julio 24, 2007

Bienvenidos al pueblo: Paquito el chocolatero, J&B, frío y me dan de comer.


Nada como volver, como cada verano al pueblo. Es ese lugar de los veranos eternos de la infancia en los que el tiempo no parecía pasar. De días eternos sin hacer nada o leyendo, que es lo mismo. Después, a lo tonto fuimos creciendo y dejamos de jugar al bote, de deslizarnos por la ladea del castillo con tableros y de tener heridas en las rodillas. Nos fijamos, casi sin querer, en las chicas y un día, aquel verano, nos quedamos hasta después de las 12 en la plaza viendo a una orquesta, eran fiestas y hacía frío. En algún momento que hemos olvidado le dimos la última patada al bote de la infancia y empezamos a salir de noche, a perseguir chicas de paso y a apurar las noches esperando algo, sin saber muy bien qué, entre risas y copas. Desde entonces, en esas estamos pero más mayores. Las hermanas pequeñas han crecido aunque las tratemos como a niñas y nosotros seamos los últimos del baile. Dani, Ricardo, Jorge... Amigos que empezaron como un juego y van para 35 años. Eso si Dani no sale levitando a Marte como en la foto -en su descargo he de decir que era tarde y se había tomado un suepes...

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1 comentarios:

Blogger Cass ha dicho...

Veo que eres un madrileño de verdad, porque tienes pueblo.

Las banderolas, farolillos y el ritmo de pasodoble marca el verano en Castilla.

El frío cada noche, y la copa para calentar, que más puedes pedir.

¡Qué viva el verano!!!

21 septiembre, 2007 10:54  

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